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¿Harina refinada o integral?

Consumir alimentos producidos con harinas contribuye a cumplir la ingesta de granos que todos los seres humanos necesitamos por día. Sin embargo, no todas las harinas son iguales, por lo que lo ideal es conocer las diferencias entre ambas opciones, para saber cuál escoger a la hora de preparar nuestras comidas.

 

Harina Refinada/Blanca

Se fabrica removiendo salvado y germen de trigo, moliendo únicamente el endospermo y se utiliza para la gran mayoría de las preparaciones que consumimos diariamente. Su popularidad se debe a su color claro y homogéneo, a que dura más, y a que más redituable para la venta. La mayor diferencia se encuentra en cuanto a la nutrición: la harina refinada es puro almidón, o sea, carbohidrato alto en calorías, sin fibras ni micronutrientes.

 

Harina Integral

Es aquella que se obtiene cuando se muelen los granos de trigo entero. Tiene un color café no homogéneo y se puede usar en todo tipo de preparaciones ¿Lo mejor? Al comer alimentos con base en harina integral aportamos a nuestro cuerpo fibras, vitaminas B y E, ácidos grasos, magnesio, hierro, potasio, zinc y manganeso. Es el tipo de harina perfecto para quienes estén a dieta o se encuentren buscando alternativas más saludables ya que ayuda a prevenir la absorción del colesterol “malo” y arrastra el exceso de grasa, depurando al organismo de sustancias tóxicas. Además, no contiene un alto índice glicémico, favoreciendo a una saciedad más prolongada y evitando el exceso de glucosa en sangre.

 

¿Qué recetas pueden hacerse con harina integral?

 

¡Las mismas que con la harina refinada! Para condimentar las preparaciones se aconseja utilizar miel para endulzar y sal marina para las preparaciones saladas. De esta manera, se añadirán nuevos elementos a la dieta diaria, muy buenos para la salud y sobre todo, más saludables.

 

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